Caras borrosas

Me consumen. Las aplicaciones me consumen. Lo primero que hago al despertar es ver mi celular: “¿Quién me escribió?” “Otra vez algo sobre Trump ¿qué pasó ahora?” “¡Ah estoy tarde!”. No me encuentro ni media hora despierta y estoy más conectada con el mundo que conmigo misma.

Todo me distrae, todo me parece interesante, quiero saber más.

Desde inicios de septiembre opté por escuchar la radio. Supuse que de esa manera podría borrar algunas aplicaciones de mi smartphone: “Y… ¿qué emisora escucho? ¿en qué estación puedo confiar? Voy a buscar si la BBC o el New York Times me responden la pregunta… uff, para todo tengo que suscribirme. Quizás la radio boliviana sea una buena opción, así estoy al tanto de lo que pasa”.
Estuve 40 minutos tratando de encontrar una emisora de mi agrado, sin darme cuenta que pude haber usado ese tiempo para leer el libro que empece hace 2 meses.

Vivo en la era de la incertidumbre. Nada me satisface, no sé en que medio me puedo fiar, mis amigos en Latinoamérica están conectados cuando yo debería estar durmiendo y en las calles veo AirPods en lugar de aretes y Kindle’s en lugar de libros.

Soy complice de la sobredosis informática y no lo digo por estar estudiando periodismo, sino por formar parte del alimento al sistema. Es muy fácil recalcar lo que se debería hacer para acabar con la desunión, pero a la hora de la verdad, la pregunta no es cómo evadir la desconexión, sino ¿realmente me quiero volver a conectar? No lo sé, me he acostumbrado a vivir así. Me he convencido que debo conocer lo que pasa a mi alrededor para deducir mi cabeza. Los paradigmas de mi discurso mental me han llevado a no entender ninguno.

Sé que no estoy sola en este mambo. Me imagino que muchos de los lectores podrán sentirse identificados. No los culpo. Nacimos en una época borrosa, donde el cuidado del mundo virtual es más importante que el cuidado personal y la presión por resaltar entre los influencers predomina.

Las notificaciones van a seguir llegando, los medios continuarán creciendo y la inteligencia artificial superará la humanidad. Pero quizás es más interesante ver el amanecer que ver a Nancy Pelosi hablar sobre Trump, o escuchar el cuchicheo de las cafeterías que a Kendrick Lamar. Cambiar el diálogo interno requiere decidir qué mirar primero: el celular o el techo.