Para nadar es suficiente el movimiento de las aletas

Salí de Pamplona el martes por la mañana. Mason, un chico de intercambio de la universidad, de casualidad tomó el mismo bus que yo. Charlamos todo el trayecto hasta llegar al aeropuerto de Madrid, fue lindo conocerlo. Tenemos el mismo gusto en música, esencial para que la charla fluya. En Madrid tuve que esperar tres horas para embarcar el avión entonces vi “Native Son”. Una película dirigida por Rashid Johnson. Por su trabajo en “A Hand Full of Dirty” esperaba estar a gusto con su nueva creación. Ese no fue el caso. La historia no estuvo bien contada y las tomas eran bastante pobres.

Una vez en Berlín los abrazos del reencuentro me ayudaron a entrar en calor, no esperaba que el viento vaya a 20 km/h. Me imagino que el frío ayudó a que mi memoria funcione, ya que llegue a casa de Malie sin el GPS. Dharam y Malie son novios hace un año y ahora viven juntos en un hermoso departamento en Berlín. Para ser una ciudad tan cosmopolita tuvieron mucha suerte: es grande, moderno y bien localizado. El ángulo de las ventanas cooperaba con los rayos del sol, era como estar en verano a mitades de abril, lo cual impedía querer salir del departamento. Siri Darshan, mi complice de aventuras, me mantuvo de turista toda la mañana, fue agradable explorar la capital de nuevo. Está vez ame la ciudad. Incluso me compré un hoodie que dice: University of Berlin – Germany. Es súper cómodo y lo amo.

El motivo de mi visita fue la entrevista con el Blid. Uno de los periódicos más importantes del país resultó ser el canal más sucio de la ciudad. No me gustó. Entre sabiendo que tiene fama de ser prensa amarilla pero la gente dice muchas cosas. Siendo un periódico tan importante es normal que reciba mucho “odio”. Entendí que, a veces, las personas no hablan por hablar. Las reputaciones están basadas en la verdad y luego se añaden exageraciones. Sin embargo, no iba dejar que la decepción de esa experiencia me arruine las vacaciones. Por primera vez este año siento que estoy “respirando”, no era justo para mi cuerpo estancarme en esa experiencia. Lo que resta de Berlín fueron risas de origen desconocido, charlas interesantes sobre la vida, la meditación y la comida. Definitivamente quiero volver.

El jueves por la noche me encontré con Cara en un tren a Hamburgo. Esto sí despertó mis nervios, no había visto a Cara ni a Nicolás en dos años y nuestro último encuentro fue un poco incómodo. Nicolás me aparto de su vida al decidir indagar otras relaciones. Él y yo éramos muy buenos amigos. Significó el 50% de mi experiencia en Dinamarca y no tenerlo en mi vida después me dolió. Pero entendí que debía perdonar. Comprendí que él necesitaba de otras conexiones en ese momento. ¿Quién era yo para evitar su bienestar? Deje ir mi rencor y esa noche me encontraba en un tren con Cara de ida al reencuentro. Nos quedamos en la casa de los padres de Nicolás, grande, en la zona residencial de Hamburgo. Su mamá es una mujer ajetreada, se nota que tiene mucho amor por esparcir más sigue aprendiendo como no estresarse en el proceso (como todos). Su papá, en contraste, es amante del buceo. Dice que bucear es como meditar porque uno debe estar pendiente de la respiración. Fue interesante ver su emoción al hablar del hobby. Quedó claro que bucear es el fundamento a su tranquilidad. Al día siguiente tomaron un avión a Londres, iban a un curso de rebirth respiration, una técnica nueva usada en los pioneros del buceo. Antes de su partida, preparamos una mezcla de desayuno-almuerzo y jugamos con el gato. Más tarde, Nicolás nos llevó a conocer su departamento. Debo admitir que no tenía muchas expectativas de la dinámica de este viaje, solo quería volver a estar con ellos. Extrañaba a mis amigos. Extrañaba a Nicolás. No ha cambiado mucho, sigue siendo la misma persona con la que puedo reír y tener buenas conversaciones. Ahora estudia derecho y está preparándose para un semestre en Tel Aviv. Estoy emocionada por escuchar sus experiencias. Definitivamente son relaciones que quiero mantener cerca. Tuvimos muchos picnics y largas risas. En las noches hablábamos hasta las 3am y mirábamos películas que Cara sugería. El kayaking del domingo fue ideal. Tenía ganas de nadar en el lago entonces lo más cerca al contacto con el agua fue hacer piragüismo. Comimos chocolate blanco con almendras y turrón. Era pascua ¡cómo no comer Lindt en Alemania!

Me encuentro en un tren a Munich para lo último de mi viaje. “So far so good”, como dicen los ingleses. Me encontraré con una amiga de la universidad y un gato, Diego. Nada mal antes de someterme a los exámenes finales. Hasta ahora, Alemania ha sido una visita de reconstrucción. Es lógico que el país ayude a reconstruir almas derrotadas después de guerras devastadoras. Gracias, Alemania.